¿QUÉ ES EL ARREPENTIMIENTO?



Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepientanse, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Mateo 4:17

Lo primero que Jesús comenzó a predicar fue acerca del arrepentimiento porque Él sabe la importancia de este llamado hacia nuestras vidas, por que sin el arrepentimiento los seres humanos son incapaces de venir al conocimiento de la Verdad, de la persona de Cristo, de su obra, de su reino. Sin arrepentimiento no podemos entender ni hablar el maravilloso lenguaje de Dios. Por este motivo, el llamado al arrepentimiento de los hombres ha sido un interés que ha estado desde siempre en el corazón de Dios, inclusive antes de la venida de nuestro Señor. Y esto lo podemos ver en diferentes partes de la Biblia, en el viejo testamento.

Sí se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
2 cronicas 7:14

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
Isaías 1:18

Ahora bien, es importante entender ¿qué es el arrepentimiento? Ya que esté se ha mal entendido y se ha enseñado que consiste en un montón de cambios de hábitos, estilos de vida o bien enseñando solo lo moral pero no el verdadero arrepentimiento. Para responder a la pregunta anterior es necesario entender que la Biblia nos enseña dos tipos de pecados: 

Pecado espiritual  (leer Hebreos 3:12), que es la raíz de incredulidad. La incredulidad es un estado espiritual con la cual todo el ser humano nace y batalla a lo largo de la vida. Pero la buena noticia es que solo la fe de Jesucristo puesta en nuestros corazones puede hacer a un lado esta condición que nos separa de Dios.
Muchas veces pensamos que nuestras malas obras nos alejan de Dios pero la Palabra nos enseña que lo que nos aleja de Él es el corazón incrédulo, por esto pues la importancia de cuidar que no haya en nosotros incredulidad. 

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. (Hebreos 3:12)

Pecados de la carne (leer Gálatas 5:19-21) aquellos que se expresan con las obras de nuestros miembros carnales, es decir, los que practicamos con nuestros ojos, manos, boca, pensamientos, etc. Inclusive nuestros sentidos humanos están muy habituados a ellos. 

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5:19-21)

Por otro lado , es importante mencionar que la Palabra del Señor nos enseña que Cristo no juzga según la carne porque Él no peco, pues Él es puro (Leer Juan 8:15 “Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie”. No juzgar según la carne significa que Jesús no juzga según nuestras obras de la carne, según nuestras obras visibles , externas o apariencias, si no que Él ve nuestro corazón; el contexto de esta Palabra ocurre cuando,  después de que los fariseos (grupo religioso de los judíos) trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio, o sea la encontraron en el acto mismo,  delante de Cristo para acusarla, condenarla y matarla, porque esto era lo que decía la ley de los fariseos. Sin embargo, teniendo en cuenta este contexto vemos que Jesús les dice a los fariseos que el no juzga conforme a las obras de la carne, como usualmente los seres humanos lo hacemos, los fariseos habían juzgado a aquella mujer porque ciertamente cometió un pecado carnal (adulterio) pero Cristo no la juzgo por eso, sino todo lo contrario. Vemos pues, que Jesús la amo y la perdono, no le dio conforme a lo que aquella mujer merecía según lo que la ley indicaba.  Lo cierto también es que Dios se preocupa más por el pecado espiritual que llevamos dentro de nosotros llamado “raíz de incredulidad” que por  no tanto por nuestras obras externas (pecados carnales).  Es decir, Dios no se preocupa más porque seas una persona mentirosa, envidiosa, egoísta o una persona que vea pornografía o tengas relaciones sexuales fuera del matrimonio, etc. si no que se preocupa más por lo que hay detrás de todas estas obras, y lo que hay detrás se llama incredulidad.
La incredulidad es un pecado espiritual y es antes que los carnales, porque en pocas palabras se puede decir que la incredulidad es la condición espiritual para que se expresen los pecados carnales (cualquier pecado que podamos cometer con nuestros miembros como mentiras, robo, rebeldía, fornicación, envidia, etc. Gálatas 5:19 habla claramente cuales son las obras de la carne).
Para sustentar lo anterior dicho, la Biblia nos enseña que el primer pecado que Adán y Eva cometieron, es decir en el principio de la creación, fue la desobediencia a lo que Dios les había dicho debido a la INCREDULIDAD (Génesis 2:15-17) , Dios le dio una instrucción a Adán, y esta misma instrucción la recibió Eva, pero ellos desobedecieron porque no creyeron en lo que Dios les había dicho, es decir, fueron incrédulos y esta incredulidad dio lugar a su desobediencia.
Por otro lado, muchas veces hemos escuchado del arrepentimiento y lo relacionamos como un cambio de estilo de vida, dejar de hacer lo malo y comenzar a obrar bien como si esto sucediera de la noche a la mañana, pero en verdad como Cristo no nos juzga por la carne, si no por nuestra incredulidad es más importante meditar en que tan grande puede ser la raíz de incredulidad en nuestras vidas que nos lleva a separarnos de Dios, a estar desconectados de su voluntad, a no ser salvos, a desconocerlo. 
La incredulidad nos lleva a la ignorancia de la Verdad que esta en Cristo Jesús, nos lleva a desconocer el amor y la obra de Cristo en nuestras vidas, por esto el Señor nos dice en Hechos 17:30 lo siguiente:
Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan

La ignorancia de la cual habla en hechos es dada por la incredulidad. Es decir, la incredulidad nos lleva a la ignorancia y la ignorancia nos lleva a hacer toda clase de pecados.

A continuación te invito a que busques y leas  las siguientes citas bíblicas que están relacionadas con el llamado de arrepentimiento: 

Hebreos 4:2 ¿Cuántas veces hemos escuchado con fe la Palabra de Dios (Biblia)? La Palabra nos enseña que al pueblo judío  no le fue provechoso tener la palabra porque no la oyeron con fe, es decir, siguieron siendo incrédulos, y esto los llevo a tener un vida de religión llena de leyes y tradiciones, siguieron metidos en sus pensamientos, en sus preceptos religiosos, en hacer sus propias buenas obras de justicia pero su corazón estaba totalmente alejado de Dios. 

Marcos 9:23-24: El hombre de esta cita bíblica fue tan sincero que le dijo al Señor, “creo ayuda a mi incredulidad” y es que esta debe ser nuestra oración al Señor que nos ayude, porque lo cierto es que en nuestra naturaleza batallamos constantemente con la incredulidad que nos lleva una y otra vez a nuestros razonamientos humanos, vanos corazones, a tomar malas decisiones, etc. De igual aquí vemos que este hombre creía en el espíritu pero en su carne era débil, pero el lo reconoció ante el Señor.

Juan 6:25-29: la gente buscaba a Jesús no porque creían que el era el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, si no porque habían recibido comida, milagros, etc. Y como antes mencione, pensamos que el arrepentimiento consiste en dejar de hacer cosas malas y comenzar a hacer las cosas buenas, cuando a Jesús le preguntaron ¿Qué obras hay que hacer para ser salvos? El dijo “ esta es la obra de Dios, que ustedes crean en el que El ha enviado”. Sí meditamos en esta Palabra creo que nuestra perspectiva acerca del arrepentimiento y salvación puede cambiar hacia lo que antes habíamos escuchado, porque no se trata de lo que podamos hacer o no hacer, si no de la Obra de Cristo ( “y esta es la obra de Dios”)  en nuestras vidas, que tiene poder para ayudarnos a nuestra incredulidad.

Propósitos del arrepentimiento:
Reconciliación con Dios (Colosenses 1:19-22)
Adopción por misericordia (1 Pedro 2:10)
Justificación por la sangre de Cristo (Romanos 3:25)

Las religiones nos han enseñado que la expresión de la incredulidad (los pecados carnales) son el máximo pecado, pero lo cierto es que la raíz de todo pecado es la incredulidad. En pocas palabras la incredulidad es la raíz de todos los demás pecados.
Cuando una persona de arrepiente de su incredulidad reconoce que necesita la instrucción de la palabra, de lo contrario intenta ser “bueno” (según sus propios conceptos moralistas) con sus propias fuerzas. El fruto de un corazón arrepentido de su incredulidad dará como resultado el ser una persona que reconoce de su necesidad espiritual de Cristo, reconoce su necesidad de ser alimentado por la Palabra de Dios y en esta búsqueda el Señor transformará su corazón, y esto es más poderoso que cualquier buena obra de apariencia que tu y yo podamos hacer, la obra real de Dios en nuestras vidas es mayor que nuestros intentos por ser buenas personas. 
¿Qué nos puede impedir escuchar el llamado de arrepentimiento?

Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Mateo 9:13

Cristo vino por a llamar a los pecadores al arrepentimiento, el no vino por los justos. Si nos creemos muy buenas personas  es como decir que no necesitamos de Cristo, que su venida no tiene propósito pues el claramente dijo que el vino por los injustos. 
Por lo tanto, toda aquella persona que se sienta justa (o buena) por sus obras no puede escuchar el llamado de arrepentimiento.
Por otro lado, lo cierto es que todos los seres humanos necesitamos el perdón de Dios pero muchos ni si quiera lo saben o están consientes de ello. Porque todos hemos pecado de incredulidad. Recuerda, el llamado de arrepentimiento del Señor es arrepentirnos de la incredulidad

El beneficio de ser perdonado por Dios es que recibimos el Don del Espíritu Santo. Y la manifestación del Espíritu Santo es darnos:
Conciencia
Comunión (con el Señor)
Intuición (muchas veces podremos no saber muchas cosas, pero Jesús prometió que el Espíritu nos enseñaría todas las cosas) Leer Juan 14:26

Y Desde luego cuando recibimos el perdón de Dios, recibimos su Gracia, que también es el poder operante de Dios mismo obrando en nuestras vidas.

Conclusión:
Las religiones (o muchas veces nosotros mismos hemos enseñado) nos enseñan lo moral pero no el arrepentimiento. Se enseña “deja de hacer esto, deja de hacer lo otro” pero primero es necesario arrepentirse de la incredulidad, porque este arrepentimiento (que es el único) dará frutos diferentes en nuestras, frutos del Espíritu. De lo contrario, si esto no sucede, solo es llevar una vida de apariencia, de moralidad. Pero arrepentirse de incredulidad es cortar la RAÍZ por completo.
Así pues, somos dichos cuando comprobamos y aceptamos la gran misericordia de Dios traducido en su perdón.  

Gloria y alabanza al Señor que es Fiel y Justo para perdonarnos.





 

Comentarios

Entradas populares de este blog

BIENVENIDO